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sábado, 7 de septiembre de 2013

jueves, 23 de febrero de 2012

15 años han pasado y aun recuerdo ese cuerpo frágil que me abrazaba con un cariño jamás experimentado. Si en ese momento me hubieran contado nuestra historia, seguramente habría corrido, pero no lo hice en ese momento, ni nunca. 
Los años pasan, las sombras se transforman y tu esencia de niño, de hombre, de loco, persiste. Y aquí sigo, ya sin nada que dar y sin mucho que decir, pero aquí sigo, leal al más hermoso de los recuerdos y a las promesas que un día me llevaré a la tumba.
Aquí sigo, a tu lado, a pesar de todo, incluso de nosotros mismos, y por momentos, en algunos instantes, me doy cuenta que tú, tú también sigues a mi lado. 

jueves, 22 de diciembre de 2011

Y mi corazón se quema, se muere, no encuentra respiro.
Y mi respiro no encuentra su reflejo frente a tu aliento.
Y mi aliento se muere, no existe si no es en medio de tu beso.
Y mi beso se pierde, y mi alma se rompe, y la esperanza desaparece.

martes, 22 de noviembre de 2011

La mariposa negra tiene como destino volar de noche, mientras el día lo pasa en sótanos, closets y todo aquel lugar donde la luz del sol nunca toque sus alas.
Ya no le duele el frío que recorre sus alas, sus ojos solo distinguen la luz artificial que emanan algunos tubos de neón, sus oídos se han acostumbrado a las noches en silencio y sus labios a los besos sin calor.


jueves, 13 de octubre de 2011

Mariposa Negra

Mientras la paloma seguía el viaje los bosques desaparecieron. De repente, todo era un desierto. Días y noches bajo el mismo paisaje podían quebrar el ánimo de cualquiera, pues, el horizonte era una larga linea que cada vez se alejaba más. La soledad era absoluta.
A falta de vientos, ríos y mares la paloma moría de sed, a veces, algún cactus le proporcionaba el liquido anhelado, pero nunca era suficiente, el vacío era tal que ya ningún mar podría regresarle la frescura a su alma.
Bajo el sol, poco a poco aprendió a vivir sin agua, pues su cuerpo se hidrataba con lo que pescaba del aire. Sus alas, se hicieron pequeñas y sus plumas se fueron secando, a los pocos meses solo quedaban pequeñas escamas.
Su vuelo era  lento. Podría pensarse que flotaba en el aire mientras su cuerpo se hacia cada vez más pequeño. Sus largas alas se volvieron pequeñas alas negras, y al no necesitar de agua, su estancia en la tierra era menos frecuente, lo cual, le daba mucho alivio, pues al quedarse sola en medio del aire, solo los susurros que corrian a través del viento le hacían compañía.
Las noches se volvieron su tiempo preferido, el sol ya no quemaba y las brisas le permitían levantar el vuelo, y así, en las noches, en aquel desierto, noto que su cuerpo pequeño y  sus alas de escamas negras le eran suficientes para sobrevivir en la tierra. No necesitaba agua, la luz ya no era necesaria, sabia que, ahora, la mariposa negra estaba lista para regresar al  mundo. 

martes, 11 de octubre de 2011

Nada cambia




Es la misma soledad que solo cambia de disfraz,
y nada,  nada  en el fondo cambia.

Es el mismo sentimiento, es el ansia en descontento
Y nada, nada  en el fondo cambia!!

jueves, 11 de agosto de 2011

Muerte sin razón

Ayer perdí a la razón por última vez.

-Ha sido la última.

Me dijo, algo así como una voz interna, mientras desenredaban mis cabellos y tensaban las amarras.

- Mañana no la volverás a ver. Me he encargado de enterrarla en medio del desierto, donde las dunas nunca son iguales. ¿Para qué la querías siempre a tu lado? ¿Para pensar en lo que nunca te hará feliz? ¿para frenar tus vuelos por los bosques?

- La quería para que me quisieran. Para que mi madre besara mi frente y mi padre acariciara mis cabellos.

Le dije consternada. Pues mientras le contestaba recibía el primer pinchazo acompañado de ruidos que me decían:

-"Mañana estarás mejor, mañana seras la que fuiste antes."
He perdido la razón, y esa voz  me dice que sera la última vez, nunca más volverá. Siento como me hundo en en viaje sin retorno, donde las brisas te llevan de paseo y el mar se vuelve tu maestro.
Encuentro a mi razón, muerta, rota, casi transparente, la encuentro en medio de un bosque con lagos de nostalgia y niebla salida de los sueños, cabalgo en ratas que salen de su cuerpo maltrecho, las mismas que me carcomían el alma, hoy son libres, como yo, como mi cuerpo.
El viaje se pausa, mi última mirada se nubla ante el brillo de la primer lágrima de mi madre, no hay nada más, las ratas corren, mi cuerpo vuela, mi alma por fin muere.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Buscando el camino

Hace días, meses, no sé... da miedo seguir. La libertad se ha vuelto una amiga caprichosa, no hace más que ir y venir a su gustillo. De repente me invade y pienso que es mi mejor amiga, de repende se va y siento que moriré sin ella. Me vuelvo mi propio carcelero, a veces le doy las llaves de mi celda a alguien, a veces solo las tiro unos metros hacia afuera.
La cuestión es sencilla, de repente la vida se torna tan complicada que no dan ganas de seguir. Trabajar, pagar cuentas, entrar en el círculo de la estabilidad emocional y  la fidelidad por qué no te da tiempo de ser infiel, todo eso que implica ver y sentir la vida desde los aburridos ojos de la madurez.
El volar, debería de prohibirse como metáfora, para solo aplicarse como acción de vida, y aún cuando las circunstancias te llevan a quedarse en el mismo árbol por un rato,  la vida te regala una aventura en cada rama, una nueva oportunidad de aventarte una vez más al vacío.
Vacío, lugar necesario para reinventar los sueños, para reconstruir el alma y encontrar nuevos destinos. Echemos pues el volado para saber que dirección tomar , sin miedo al final incierto, al callejón oscuro, al caminar sin destino. Anda, animate, lo peor que puede pasar es que tengas que comenzar de nuevo.

jueves, 21 de julio de 2011

Momentos

Mírame, mírame un momento
transparente en las mañanas
una roca cada noche.

Tócame, tócame un momento
mientras acaricio tus manos
y tu buscas mis besos.

Siénteme, siénteme un momento
así, a la distancia
aunque pase el tiempo.

Buscame, buscame un momento
justo donde no me veas
donde no esperes mi encuentro.

Ámame, ámame un momento
hazme renacer en tus brazos
y morir en medio de un beso.

Mátame, mátame un momento
elimina mi presencia
cuando tu olvido se apodere de mi recuerdo.

sábado, 22 de mayo de 2010

Aqui estoy

Mil años han pasado, y aqui sigo, sola, con la suerte de mi lado solo por momentos. Pero aún nos podemos reconocer.

Te escucho, te siento y pienso en los miles de años que he estado a tu lado. El amor se fue hace miles de años, pero me queda tu cuerpo, ese mismo cuerpo al que nunca me he negado. Cuerpo que gozamos por los miles de recuerdos que nunca volveran.

Amor, te grito en medio del tercero y el cuarto. dame esa muerte cotidiana y haz de tu vida lo que quieras. No me quieras, no te quiero, no nos necesitamos. Solo te pido la vida que por segundos compartimos, la eternidad, esa me la resevo para mi propia soledad.

viernes, 5 de marzo de 2010

RECORDANDO AL VIENTO

Pues resulta que hoy he vuelto a recordarte, hace tanto tiempo y tantos besos que no te pensaba, que hoy, la música de hace tantos meses me ha transportado a lo que casi daba por olvidado.

Sé que tus besos nunca más volveran a mi, sé que las noches aquellas jamas se repetiran, pero aún recuerdo tu risa y tus abrazos, y esa sensación de bienestar que no he vuelto a vivir.

Te recuerdo viento, brisa ligera que me hacia volar y me tiraba a los precipicios. Te recuerdo sol, que quemaba mi cuerpo a veces con solo una disimulada mirada. Te recuerdo, como ese gato que no dudaba en interrumpir mi sueño. Te recuerdo, sí, aún te recuerdo. Aún cuando ahora sé, por qué lo sé muy bien, que nuestro viaje se quedo, allí, justo donde empieza la arena.

Te recuerdo y sonrío, porque aún guardo un poco de amor por tí.

jueves, 18 de febrero de 2010

Mal de amores

Que desconcertante, encontrarme las palabras anheladas por años saliendo de tu boca en un momento inesperado. Mala suerte la mia no haberlas tomado y aferrarme a ellas de la misma forma que lo hago a tu cuerpo. Y es que resulta que andando en medio de la lluvia, ese pequeño resplandor que llego a mis oidos lo opaco la nube que rodea mi presente.

Quisiera decirte que no quisiera estar con nadie más, quisiera pudieras saber que nadie más podria darme la calma que tengo cuando estoy contigo.

Pero disculpame cariño, quiero tormentas, quiero truenos y huracanes, quiero muerte, mi muerte por siempre en medio de sus brazos. En mi corazón, en el tuyo, en el suyo, la voluntad no resulta imperativa y lo correcto nunca ha existido, por eso me niego a la felicidad y me convierto en su sombra. Por eso rehuyo de tu calido abrazo mientras anhelo la frialdad de sus besos.

Curame amor de este mal de amores, y si es que tienes los instantes, las palabras y los besos necesarios para sacarlo de mis recuerdos, este corazón atormentado buscara el camino más directo a tu encuentro.

martes, 29 de diciembre de 2009

CORTE DE CAJA

La caja hace su corte anual, este en particular fue un año sumamente materialista, sin querer y sin pensarlo con anticipación tuve, en un momento y solo por unos dias, todo aquello que nunca pedi, y cual promesa foxista la estabilidad material se fue tan rápido como llego. Quedan resquicios de noches de vino y fiesta, nada más... el futuro, tan incierto como siempre.



Aprendi a caminar sin saber lo que ocurriria al dia siguiente, el vertigo ocasionado me ha vuelto adicta a la suerte. Suerte te de dios, oí hace unos días. Lo cierto es que toda imagen y esencia sobrenatural han salido por completo de la cotidianidad. La suerte se ha vuelto mi única compañera. ¿Quién escoje su suerte y el tiempo para exprimirla? a eso le tiramos todos los dias, a que el tiempo nos deje bailar con la suerte que día a día vamos escogiendo.



La paloma se canso de volar de rama en rama, y hoy, una paloma solitaria vuela sobre la vida, este inesperado gusto por el caminar solitario me hace creer que la vida es una construcción paulatina en la que invitamos a participar a algunos seres que tienen la delicadeza de querer acompañarnos. Hoy, mis compañeros son esa micro familia que a pesar de todo sigue compartiendo el pan, la cama y los buenos recuerdos. Gracias a ambos por compartir su vida.

Sin embargo un año dificil termina y el nuevo promete ser más dificil, sin embargo el tan ansiado 2010 tendra que estar lleno de proyectos, viajes y trabajo. Asi lo he decidido y en ese rumbo quiero forjar mi suerte.

Debo decir que los extraño mucho, a ustedes, a los que me leen y tal vez de repente me recuerden. Yo los pienso día a día, ojala podamos vernos pronto.

El vuelo continua, como paloma o mariposa la vida va.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Recuerdo de la muerte olvidada

A pesar del frío y a pesar del miedo seguimos caminando. Nuestra marcha lleva tres generaciones, caminamos al origen, no sabemos bien a dónde. Somos muchos, aún cuando algunos se han quedado en la vereda. La esperanza de repente nos acompaña, pero sólo tenemos el hoy, el instante, el paso que damos rumbo a nuestro destino.
Todo comenzó en la aldea de mis abuelos, un lugar pequeño en medio del Valle, donde las personas dicen que no morían. En ese Valle nacieron mis padres, ellos creían en la vida eterna.
-¿Cómo no creer que el futuro era eterno?- Me contaba mi madre. – Cuando pasábamos los días transformando nuestro pueblo.
Así era. Trabajaban día y noche haciendo caminos, comercios y escuelas, construyendo todo aquello necesario para el futuro. En ese camino se perdió la aldea y nació una ciudad, el territorio se hizo cada vez más pequeño y fue necesario invadir los bosques, desiertos y montañas hasta que llegaron a otras aldeas, algunas fueron dócilmente absorbidas, pero otras se negaron a cambiar su forma de vida. -Era pertinente acabar con aquellos necios- Así inicio la guerra, se produjeron armas, bombas y ejércitos, conocieron la muerte.
No es que antes fueran eternos, simplemente la muerte era un estado ignorado, mi abuela decía que la gente solo desaparecía y volvía a aparecer en otras formas. Se transformaban en sueños, visiones, colores y esencias. Nadie era olvidado y la continuidad de la existencia era una realidad. La guerra trajo el olvido. Las muertes eran tantas y tan horribles, que el recordar a la persona perdida se volvía un recuerdo doloroso. La muerte había llegado y ya nadie la dejo ir.
Así el Valle se torno desierto, las montañas se llenaron de tumbas y los bosques eran trincheras. Pero las armas fueron ineficaces para la muerte sistemática de los poblados en resistencia, los aldeanos huían a las montañas más altas, habitaban las cuevas y el encontrarlos era tarea imposible para un citadino. Los ejércitos sabían de la existencia de ellos cuando realizaban ataques a las ciudades o saqueaban comercios. Nada podía aniquilarlos por completo.
Por aquellos días, un General que buscaba llenarse de gloria, descubrió que los ríos y manantiales serían la mejor ruta para terminar con los rebeldes, pero el veneno sería contraproducente y no quería llevar a la muerte a sus aliados. Entonces, notó que los rebeldes tenían, como los abuelos, la esperanza y el sentido de continuidad de la existencia, características que les otorgaban esperanza. La pregunta era sencilla, ¿cómo acabar con el ánimo de aquellos pueblos? ¿Cómo dejarlos sin alma, sin esperanza?
Como nunca, el General se puso a estudiar la historia de la guerra, busco entre los libros, periódicos, revistas y archivos, vio las noticias de veinte años atrás. Al final encontró el arma más letal… el olvido.
Se dio cuenta que los primeros pueblos en transformarse en ciudades olvidaron sus raíces, olvidaron su historia y después olvidaron a sus muertos. La formula era sencilla, dejar que el olvido, cual veneno liquido, corriera por todos los ríos y lagos. Así buscaron embotellar altas dosis de olvido y todo el valle y las montañas fueron infectadas. En pocos días el agua llego a las casas y como una epidemia los rebeldes empezaron a olvidar, olvidaron su lucha, olvidaron sus sueños, olvidaron su pasado y olvidaron a sus muertos, la esperanza se fue.
Dos generaciones construyeron grandes ciudades, los vicios, la violencia y el desamor fueron cosa de todos los días, hasta que un día, algo inesperado sucedió. El General aquel, él, culpable de la enfermedad, nunca enfermó, sin embargo, el contagio fue inevitable pero dado que su memoria era fuerte, su dolor también. Así que un día, dejo correr el rumor de que una enfermedad había provocado la pérdida de esperanza. -Tal vez, sea cosa del olvido- dijeron en el noticiero.
Los científicos y todo aquel que curara enfermedades empezaron a buscar la cura, no podían hallarla, pero encontraron el veneno culpable de su eterno presente. Por alguna causa no corrió afuera del valle y aunque la epidemia abarcaba gran territorio, era posible aislar enfermedad tan letal.
Así en una reunión histórica, que casi nadie recuerda, se acordó y se estableció por escrito, que todos saldríamos de aquel valle, caminaríamos lo que fuera necesario y llegaríamos más allá del lugar donde nacieron mis abuelos, del otro lado de las montañas, cruzaríamos el mar si era necesario.
Nadie recuerda el camino, nadie sabe a dónde vamos, caminamos cuando la esperanza aparece en nuestros corazones, ese destello se vuelve nuestra dirección. Hace unos días encontramos la última de las ciudades… sabemos que estamos muy cerca.
Algunos han muerto en busca de la cura. El General, no soportó la travesía y una mañana se dio un tiro. Los que quedamos, seguimos caminando, tratando de salir de este valle de muerte y olvido, tratando de encontrar, en el otro y en nosotros mismos, la esperanza suficiente que da el recuerdo de lo que ya se ha vivido. Pero también buscamos nuestros sueños, esos que un día acompañaran algo más que la cura de esta enfermedad provocada por nuestro olvido. Un día dejaremos de provocar nuestra propia muerte. Entonces, mis ojos y mi alma verán a mis abuelos, y la muerte ya no será olvido.

martes, 27 de octubre de 2009

SABINES

Morir es retirarse, hacerse a un lado,
ocultarse un momento, estarse quieto,
pasar el aire de una orilla a nadoy estar en todas partes en secreto.

Morir es olvidar, ser olvidado,
refugiarse desnudo en el discretocalor de Dios,
y en su cerradopuño, crecer igual que un feto.

Morir es encenderse bocabajohacia el humo y el hueso
y la calizay hacerse tierra y tierra con trabajo.

Apagarse es morir, lento y aprisa,
tomar la eternidad como a destajo
y repartir el alma en la ceniza.

lunes, 19 de octubre de 2009

מריה III

Aun extraño el olor de las cuevas de aquella serranía. Cuando entraba a nuestro hogar el olor a tierra mojada y agua de manantial podían volverme loca por completo; la sensación de frescura y de libertad que experimenté en aquellos años es algo que probablemente quiera recordar el último segundo antes de morir. Me pregunto ahora, viéndote ahí, la última imagen de tu rostro en mi mente ¿tendrá que ver con este mundo? Siempre pensé que no te vería morir. Aquella tarde en la que te conocí fue un suceso de esos que dividen la vida.
Los acontecimientos de mi infancia y juventud me habían convertido en aquella mujer. Arrogante para muchos, temerosa en realidad. No sabía que no estaba permitida la entrada al templo solo por el hecho de ser mujer, no sabia que no debía expresar mi opinión, ni que mi lugar era detrás de un hombre. No sabía nada. Crecí en medio de la libertad – libertinaje- dijeron ellos.
Mi padre no fue un hombre conservador, era un soñador que creía en la libertad de los hombres y los pueblos. Cuando niño fue secuestrado y convertido en esclavo, y un soplo de buena suerte le llevo a su liberación, en el camino se encontró a mi abuelo, quién con el tiempo le permitió estar con mi madre. Así, dos seres que crecieron sin ataduras se encontraron con las cadenas de un imperio que se expandía. Huyeron de su pueblo, llegaron al mío, allí mi hermano y yo nacimos, en un lugar con reglas impuestas por gente que no conocíamos. Afuera el mundo era distinto, adentro todos éramos iguales.
Un día los soldados apresaron a mi padre, se negó a darles tributo, ahí fue donde inicio la guerra. Se reunía cada tarde con algunos vecinos, después con gente de otros lados, un día le dijo a mi madre que si quería ser libre debía aprender a leer los textos. Cada noche, se sentaban en la mesa a repasar papeles, yo los veía y me quedaba dormida en su regazo. Mi madre aprendió otras lenguas, mi padre ya casi no estaba en casa. Así, crecimos entre papiros, discusiones y viajes a lugares lejanos. Las nuevas personas que nos rodearon eran muy amables pero recuerdo que se les sentía muy tristes, al morir mi madre, papá adopto esa tristeza, y seguramente mañana, mi rostro en el lago me dirá que a mis ojos les falta tu reflejo.
Así, el día que te conocí fue el día que me expulsaron del templo, entre sin recato alguno y tome los pergaminos que estaban en el altar. Ya había escuchado de la sabiduría y belleza de aquellos manuscritos, debía tocarlos, olerlos, leerlos. Recuerdo aquella escena. Vi el lugar, el más grande que había visto jamás, entre, y al poner un pie las personas empezaron a gritar, se agarraban los cabellos y me decían cosas que no podía entender. Seguí caminando y me acerque al altar, detrás estaban los manuscritos, los tome y los extendí sobre aquella gran mesa, el material del que estaban hechos era simplemente hermoso, aún recuerdo la sensación de mis manos al tocarlos. Vi a mí alrededor y vi que el silencio era absoluto, los hombres me miraban con asombro. Será que no me conocen, pensé. Me pase un buen rato leyendo, de repente entraron los que supe eran los sacerdotes. Me gritaron, me empujaron y unos hombres me sacaron a rastras del lugar en la calle la multitud se arremolinó y empezaron a lanzarme piedras, corrí hasta que las calles me llevaron a un callejón, creí que moriría; entonces llegaste tú, a contra luz tu silueta era de una fragilidad casi femenina, oí que gritabas algo a la muchedumbre, dibujaste unos símbolos en el piso mientras los demás se marchaban uno a uno. Pude reconocer aquellas líneas de arena, los textos de mi padre los llevaban todo el tiempo… me sentí segura.
Cuando todos se fueron tomaste mi mano, caminamos sin hablar y me llevaste a una casa, allí, las mujeres curaron mis heridas. Cuando ya me sentía mejor me llamaste por mi nombre: - María.
Entonces supe quién eras, te había visto en las cuevas de la serranía, vivías con los maestros, esos a los que mi padre visitaba diario. Eras callado como ellos, de cabellos largos y cuerpo delgado, un poco mayor que yo, y sin interés para mi. Encerrado todo el día entre papiros, el calor de la arena, el frescor de los manantiales y la suavidad del viento no tenían en ti ese efecto embriagante que tenían en mí. Recuerdo aquellos días en los que corría de entre las ovejas hasta los manantiales, leyendo bellas historias bajo los árboles, ayudando a mi hermano a preparar la cena. Era tan feliz en esos días.
Un día no te vi más, después los maestros se fueron uno a uno. Nosotros también nos fuimos, mi padre, al igual que todos, tenía una misión. Su deber, asesinar a uno de los generales enemigos. Una madrugada se fue con algunos hombres, jamás volví a verlo. Después mi hermano y yo nos acercamos a los poblados, con cautela, con timidez. En pocos meses él olvido todo lo aprendido, aprendió un oficio, encontró mujer y se dedico a mantener a su familia. Un año viví con ellos, después decidí reencontrarme con los antiguos compañeros.
Al principio una familia de las afueras de la ciudad me permitió quedarme a su lado, el idioma era difícil de entender, sobre todo porque cada pueblo tenía diferente pronunciación. Aquel matrimonio veía con recelo mis horas dedicadas al estudio; un día me di cuenta que ya no podía vivir más ahí. Me fui a la ciudad, vagué durante días, conocí hasta el último callejón de la ciudad, y al conocer el templo te encontré.
La vida a tu lado fue rica en conocimientos y vivencias, de ser mi maestro, te convertiste en mi amigo y un día simplemente el amor llego. Nuestras almas y cuerpos no podían estar lejos. La lucha nunca fue más dulce.
Pero, nuestra causa se hizo popular y nuestros mensajes cada día tenían más voces. Los días eran largos entre reuniones mías con los maestros y discursos tuyos con el pueblo; las noches se iban en preparar la jornada siguiente, escribir, crear y amarnos al final.
Encontré en tus brazos la paz que solo el amor puede otorgarle a un alma solitaria. Cada beso y cada caricia me llevaban a encontrar en tus ojos a un hombre distinto. Podía volar mientras recorría tu cuerpo y sentir como la vida se me iba por momentos. Moría y renacía nuestra carne entrelazada mientras nuestras almas se volvían una sola. El amor llenaba la vida.
Un día te llevaron preso mientras preparábamos la gran conspiración. Los detalles son tan crueles que un día espero poder olvidarlos. Hoy, estas allí, con los brazos extendidos, como tu padre, tal vez como el mío. Veo el miedo en los compañeros y las palabras tras mis espaldas me dicen que nadie te conoció como yo.
Te veo y no tengo miedo del futuro, aún me quedan fuerzas para construir ese mundo que un día soñamos. Sé que debo irme muy lejos, perderme otra vez en las serranías, morir un poco y aprender a vivir con la tristeza en mis ojos. No tengo miedo y el viaje no me ha cansado, mañana me iré sin quedarme atada a tu cuerpo muerto, recordaré la vida a tu lado y volveré cuando los tiempos lo permitan, hoy no me han vencido pues sé que un día volveré y la vida será tal y como la soñamos.

viernes, 3 de julio de 2009

מריה II

El olor a aserrín de aquellas manos me dio tranquilidad. Los soldados se perdieron entre los árboles y mi boca fue liberada. Era mi padre, las mujeres que estaban en el lago le avisaron lo sucedido, pero cuando llego ya era muy tarde. Caminamos con la lentitud de quien no quiere llegar a su destino. Los soldados se habían ido, pero ella seguía ahí.

Una mujer le echo una manta encima, pero manchas oscuras cubrían su cuerpo. Mi padre soltó mi mano y se hinco ante ella. Recuerdo el calor del sol que ya se asomaba por completo inundándolo todo. Él, lloró abrazando aquel cuerpo y por un momento me pregunté por qué lo hacia, lo que esa manta cubría era a una persona desangrada, amarillenta, y un rostro que se parecía al que unos momentos antes me llevaba por agua al río.

Josué llego corriendo detrás de mí gritando -¡Madre! ¡Madre mía! ¿Qué te han hecho?
Supe entonces que se trataba de mi madre. Las lágrimas inundaron mis ojos al pensar que no la había reconocido, no sé por qué lo hice, aún sigo sin reconocer mi propio rostro. Mi hermano me abrazo mientras mi padre la tomaba entre sus brazos y las mujeres nos rodeaban entre gritos y sollozos, así fue el camino a casa.

Mi casa, jamás regrese a ese lugar. Unos metros antes, mi padre entrego el cuerpo a uno de mis vecinos, tomo mi mano y el hombro de mi hermano mientras dábamos la media vuelta rumbo a las montañas, a mi nuevo hogar.

sábado, 27 de junio de 2009

מריה I

Mi nombre es María, mi edad, tan efímera como mi propio presente. Hoy puedo decir que me siento como hace veinte años, la diferencia, la única que existe, se encuentra reflejada en el lago. No me importa pensar en esa imagen, nunca he sido yo.

Hace veinte años caminaba con mi madre, por primera vez ibamos al lago. Buscábamos agua para llevar a la casa. Recuerdo que estaba por amanecer, las sombras de la noche se difuminaban con los primeros rayos del sol mientras que el lago se confundía con un rosado que inundaba el cielo. Uno podría pensar que eran uno solo, que nunca se separarían.

Mi mano se encontraba sujeta de la de mi madre. Aún puedo sentir la tibieza de su piel. Recuerdo que antes de esa mañana solía sentirme segura cuando me llevaban de la mano. Recuerdos, son tantos los recuerdos. Pienso en toda la historia que se encuentra inmersa en ellos, mi historia, su historia, la historia de muchos, una historia que en algún tiempo nadie recordará.

Caminábamos, hacia un poco de frio; cuando vi que el cielo y el agua eran uno solo, corrí para ver si el agua era rosada, y al sumergir los pies, sentí frio y grite, era un grito largo, que tres segundos después ya no salía de mi boca, pero ahí seguía. Gire para enseñarle a mi madre como podía gritar sin abrir los labios, cuando la vi rodeada de muchos hombres, ellos tenían un casco y un arma, jamás los había visto tan cerca. Tomaron a mi madre, que me gritaba que me fuera. Pero no pude, estando ahí, mis pies se habían congelado por completo, y ese frio, o ese miedo, impedía que mi cuerpo se moviera. Uno de los hombres golpeaba el rostro de mi madre mientras dos más la sujetaban de los brazos. Sentí el calor de mis lágrimas sobre mis mejillas, y vi como un rayo de luz iluminaba aquella escena, el calor llegó a mis piernas e inundo mi espalda, al fin pude gritar.

Uno de los hombres volteo a verme. Su mirada hizo que mis piernas se movieran, corrí en dirección contraria a donde se encontraban, dos de ellos me seguían podía oír sus pasos. Entonces vi un arbusto que se movía, creí que uno de ellos se escondería ahí, estaba cansada, respire y trate de correr pero cerré los ojos; pude sentir unos brazos muy grandes que me envolvían y me cerraban la boca, abrí los ojos y vi pasar frente a mi a los soldados mientras una voz me decía – no grites.

lunes, 8 de junio de 2009

Mi nuevo hijo

Ha nacido mi hijo, le he llamado indiferencia, de cariño le he puesto olvido. Fue concebido una noche de otoño por un accidente entre el azar, mi vientre y el destino. Pero ellos, malos padres, lo han dejado a mi cuidado. Me encargaron alimentarlo, cuidarlo, verlo crecer, y yo aunque lo desprecié al principio, hoy lo he vuelto mi resguardo ante la felicidad y la belleza de la vida.

Cada día lo arrullo en una sabana de seda, lo alimento con gotas de veneno y caliento su cama con las brasas del infierno. Mi hijo ha nacido y puedo ver con gusto como es que crece. Beso sus mejillas cuando esta dormido, con el miedo incesante de que un día me abandone. El se irá, me lo han dicho, y ese día me envolverá una vez mas aquella cruel mentira. Pero, aunque camine, lo buscare todo el tiempo mientras escupo de vez en cuando las mentiras de tus besos.

miércoles, 13 de mayo de 2009

NUEVOS VUELOS

Un viento ligero me envolvió durante años. Vivía alrededor de mis alas y junto a él cruce montañas y desiertos. La vida creó sin querer dos realidades, la mía y la del viento, mientras la felicidad se sabía a canela.
Casi dos lustros, miles de historias y de repente el sueño termino.

Un silencio necesario se encargo de exorcisar mis miedos y el fuego de varios infiernos exorciso mis besos.
Hace unos dìas me encontré con aquel viento ligero, el silencio volvió a encontrarse entre nosotros y solo por no dejar, caminamos una vez más a las puertas del infierno, aún cuando ya no teniamos los boletos de entrada.
El viento y yo no dijimos nada, pero sabiamos que no nos veriamos más.

Así que hoy dejame despedirme de ti, besar una vez más tu recuerdo y caminar por el desierto, sola, sin viento, por el puro gusto de emprender nuevos vuelos.
¿El rumbo? No importa, hoy mi rumbo es incierto y hoy mis alas se acercan poco a poco al mar.